
En ese mismo momento roto, y frente al reflejo de palabras que se van solas. Desvanecen las manos, entre la vida sin guión, como fragancia quieta y descarada de las cartas de papel y su crujir.
Un puñado de ideas sueltas, la pluma apuntando un papel, la belleza en evolución de lo que se escapa.
Detenida la dulzura, ya cansada de emigrar, sus trazados cortos, y creyendo venir, sabiendo ir como cometa sin cuerda. Como estela del lápiz.
Cartas y más cartas melancólicas apuñalan la rabia espera, y las mejillas palidecen entre su nuevo umbral vacío.
Oscilan las dudas, la locura, y solo queda a salvo ese puñado de cuerpos dentro del escaparate de lo prematuro. La vista se despliega y mece el momento.
Dime, ¿cuando volverá al mismo punto mi poema?. Dime ¿cuándo volverá los momentos frágiles?. Dime cuándo las palabras se rendirán ante el miedo?.
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